|
Los latidos decaen en nostálgico reposo cuando los ojos escapan en sus marcos al vaivén, al asombro y al desgaste.
El silencio de las presencias toma la posta del cóncavo refugio de mi serenidad, y me lanzo, desde la falla geografía de la noche, al deseo de no amanecer.
(Tomado de Poemanìa 159)
|